Una sesión de terapia Gestalt consiste en un encuentro de unos 50 minutos en el que trabajás con lo que está vivo para vos en ese momento: lo que traés, lo que sentís en el cuerpo y lo que pasa en la relación con tu terapeuta. No hay un guion fijo. Se conversa, se presta atención a cómo vivís lo que contás y, a veces, se propone un pequeño experimento para darte cuenta de algo que las palabras solas no alcanzan a mostrar.
Mucha gente llega a la terapia Gestalt con curiosidad y también con algo de incertidumbre: “¿qué voy a tener que hacer?”, “¿me van a pedir que hable con una silla?”. En esta nota te contamos, de manera concreta, cómo suele desarrollarse una sesión, de principio a fin. Si querés primero entender el enfoque en general, podés leer qué es la terapia Gestalt.
Antes de empezar: la sesión no es un examen
Lo primero que conviene saber es que no hay una forma correcta de “hacer” una sesión. No tenés que llegar con un tema preparado ni saber explicar bien lo que te pasa. En Gestalt se parte de donde estás, incluso si lo que hay es confusión, cansancio o ganas de no hablar.
Tampoco se trata de que la terapeuta te dé respuestas o te diga qué hacer con tu vida. Su lugar es acompañarte a mirar tu experiencia con más claridad, para que puedas elegir con más libertad.
1. La llegada: ¿qué hay hoy?
La sesión suele empezar de forma sencilla. A veces la terapeuta pregunta cómo llegás, qué te trae hoy o cómo estás en este momento. Otras veces simplemente espera a que empieces vos.
Puede que traigas algo que pasó en la semana: una discusión, una decisión pendiente, una noche en la que no pudiste dormir. O puede que no sepas por dónde arrancar. Las dos cosas son material de trabajo. Si llegás sin saber qué decir, eso mismo se puede explorar: cómo es estar ahí sin tener claro qué traer.
Si es tu primer encuentro, el comienzo es un poco distinto: hay más espacio para conocerse, contar qué te hizo consultar y ver si te sentís cómoda o cómodo con la forma de trabajo. Lo explicamos en detalle en qué esperar de la primera sesión con una psicóloga.
2. Trabajar con lo que está presente
Una idea central de la Gestalt es el “aquí y ahora”. Eso no significa que no se hable del pasado o del futuro. Significa que, cuando hablás de algo que pasó hace años o de algo que te preocupa para mañana, se presta atención a cómo eso aparece en vos ahora, mientras lo contás.
Por ejemplo, podés estar relatando una situación con tu familia y, en algún momento, la terapeuta puede preguntarte qué te pasa al decir eso. No para interrumpirte, sino para acercarte a tu experiencia actual, que es donde se puede hacer algo distinto.
Por eso, en una sesión Gestalt suele haber más preguntas sobre el cómo que sobre el por qué. Preguntas como “¿cómo te das cuenta de que te estás enojando?” o “¿qué hacés cuando aparece esa sensación?” abren caminos que una explicación racional a veces cierra.
3. El cuerpo y la emoción también hablan
La Gestalt entiende a la persona como una totalidad: lo que pensás, lo que sentís y lo que pasa en tu cuerpo están conectados. Por eso, durante la sesión puede aparecer una invitación a notar el cuerpo.
Esto puede ser muy sutil. Por ejemplo:
- Notar que tu respiración se acortó cuando mencionaste a alguien.
- Darte cuenta de que apretás las manos o de que tu voz baja al hablar de un tema.
- Registrar una sensación en el pecho, en la garganta o en el estómago.
No se trata de interpretar esos gestos desde afuera, sino de que vos puedas registrarlos y ver qué significan para vos. Muchas veces el cuerpo muestra algo antes de que puedas ponerlo en palabras, y ahí suele haber información valiosa.
Si aparece una emoción intensa, como llanto, bronca o miedo, no hace falta taparla ni apurarse a explicarla. Se le puede dar lugar, con cuidado y al ritmo que puedas sostener. La terapeuta está atenta a que el trabajo no te desborde.
4. Los experimentos: probar en lugar de solo hablar
Una de las particularidades de la Gestalt es que, además de conversar, se puede proponer algún experimento. Es una propuesta concreta para explorar algo de manera vivencial durante la sesión: decir una frase de otra forma, prestar atención a un gesto, imaginar una situación, darle voz a una parte tuya.
Lo importante es que los experimentos:
- Son siempre una invitación. Podés decir que no, o que preferís ir más despacio, y eso también es parte del trabajo.
- Surgen de lo que vos traés. No son ejercicios estándar que se aplican a todos por igual.
- No buscan un resultado correcto. El objetivo es darte cuenta de algo, no “hacerlo bien”.
No en todas las sesiones hay experimentos. Hay encuentros que son principalmente conversación, y eso está perfecto. Si te interesa conocer algunos de los recursos más usados, los contamos en técnicas de la terapia Gestalt.
5. La relación con tu terapeuta también es parte del trabajo
En Gestalt, el vínculo entre vos y la terapeuta no es un detalle de fondo. Es un espacio donde se puede ver, en vivo, cómo te relacionás. Si en algún momento aparece incomodidad, la sensación de ser juzgado o juzgada, aburrimiento o ganas de irte, eso se puede decir y explorar.
Esto no quiere decir que la sesión se vuelva sobre la terapeuta. Quiere decir que lo que pasa entre ustedes es real y puede ayudarte a entender cómo te vinculás en otros ámbitos de tu vida.
6. El cierre de la sesión
Hacia el final, la sesión se va cerrando. A veces se retoma lo trabajado, se pone en palabras algo de lo que te diste cuenta o se registra cómo te vas en comparación con cómo llegaste.
No siempre salís con una conclusión clara, y no hace falta. Hay sesiones que dejan una pregunta abierta, una sensación nueva o algo para observar durante la semana. Lo que se movió en el encuentro sigue trabajando después.
La terapeuta también cuida que no te vayas desbordada o desbordado. Si se tocó algo muy intenso, se busca un cierre que te permita volver a tu día con cierto sostén.
Frecuencia: ¿cada cuánto son las sesiones?
Lo más habitual es tener una sesión por semana, sobre todo al principio. Esa regularidad ayuda a sostener el proceso y a que lo que se trabaja tenga continuidad. Con el tiempo, y según cómo vayas, la frecuencia puede conversarse y ajustarse.
La duración total del proceso depende de cada persona y de lo que te trae a consulta. Lo desarrollamos en cuántas sesiones dura la terapia Gestalt.
¿Es igual una sesión online?
En lo esencial, sí. El trabajo con lo presente, con la emoción y con el cuerpo también es posible por videollamada. Solo conviene tener en cuenta algunos cuidados prácticos: un lugar tranquilo, buena conexión y cierta privacidad para poder hablar con libertad. En Espacio Raíces trabajamos online con personas de toda Argentina; podés ver cómo funciona en terapia online.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que hacer ejercicios o actuar en la sesión?
No es obligatorio. La terapeuta puede proponerte algún experimento si lo considera útil, pero siempre podés elegir no hacerlo o hacerlo de otra manera. Muchas sesiones son, sobre todo, conversación atenta.
¿Qué pasa si no sé de qué hablar?
Es más común de lo que parece y no es un problema. Se puede empezar por cómo te sentís en ese momento o por el hecho mismo de no saber qué traer. Desde ahí suele abrirse algo.
¿La terapia Gestalt sirve si estoy pasando un momento muy difícil?
La terapia puede acompañarte en momentos difíciles, pero no reemplaza la atención de urgencia. Si en algún momento sentís que estás en riesgo, llamá al 911 o acercate a la guardia del hospital más cercano. También podés comunicarte con el Centro de Asistencia al Suicida: Línea 135 (gratuita, desde CABA y Gran Buenos Aires) o (011) 5275-1135 desde cualquier punto del país.
Si tenés ganas de conocer este modo de trabajo en primera persona, en Espacio Raíces nuestras psicólogas acompañan procesos desde la terapia Gestalt, de manera presencial en Córdoba y en CABA, y online en toda Argentina. Podés dejarnos tus datos en reservar un turno y seguimos la conversación por WhatsApp, sin compromiso.




